Ya no corro para demostrar nada.
Después de tantos años, tantos kilómetros y tantos dorsales, uno aprende que las carreras no van de demostrarle nada a nadie.
Van de seguir.
Seguir entrenando cuando no apetece.
Seguir compitiendo cuando las patas y la cabeza te ruegan que no lo hagas.
Seguir buscando objetivos cuando podrías conformarte con todo lo conseguido.
Porque llega un momento en el que correr deja de ser una cuestión de tiempos, puestos o marcas.
Es una forma de vida. Y aquí sigo. Picando piedra, sumando kilómetros y buscando la siguiente meta sabiendo todo lo que hay detrás.
No porque tenga algo que demostrar, sino porque todavía tengo mucho por vivir corriendo.
Un verano más picando piedra 👷
Se acaba el verano y ha sido de esos que se han hecho bola. Hemos tenido temperaturas mucho más altas de lo habitual y eso, para quienes hacemos del correr una forma de vida, se nota. Se nota en las patas, en los ritmos, en las ganas... y también en la cabeza.
La mía últimamente se me ha rebelado. Pero, aún así, no dejé de picar piedra. Día tras día, entrenamiento tras entrenamiento, intentando hacer las cosas lo mejor posible, sin grandes alardes y siendo consciente de que a estas alturas de la película no hay secretos: hay que trabajar, tener paciencia y sumar.
Entre junio, julio y agosto han caído casi 1.700 kilómetros corriendo. Una cifra que "impresiona" cuando la ves escrita, pero que para mí no deja de ser eso: kilómetros. Kilómetros que espero que sean la base, los cimientos sobre los que construir una segunda parte del año sólida.
- Junio: 514 km (65 outdoor + 449 en cinta) + La Vaqueira Cicloturista
- Julio: 573 km (277 outdoor + 288 en cinta)
- Agosto: 575 km (151 outdoor + 424 en cinta)
Aunque uno lleve ya muchos años en esto, sigo afrontando cada entrenamiento con la misma mezcla de respeto, ilusión y humildad. Sin negociar conmigo mismo.
Porque sí, puede que todavía tenga buenos registros y que haya conseguido correr unas cuantas maratones a buenos ritmos. Pero sigo siendo un humilde maratoniano popular. Uno de tantos, que tiene días buenos y días malos, que pelea contra el calor, el cansancio y las dudas, que disfruta cuando las piernas responden y que aprende cuando no lo hacen. De eso va este juego.
Siempre digo lo mismo: correr por un podio no debería de ser nuestro aliciente para ser y sentirnos corredores. También es cierto que subirse a uno también presta porque nos reconoce todo el trabajo, tiempo y esfuerzo invertido para ello.
Hay podios de madera y otros que no se ven pero existen. Cada uno de nosotros cargamos con nuestra mochila y tenemos nuestras circunstancias; también nuestros objetivos. Y hacer todo lo que esté de nuestra mano para alcanzarlos debería de ser nuestra mejor medalla 🏆
Como viene siendo habitual en los últimos años, el pasado 12 de septiembre tocó retomar la temporada en el Medio Maratón del Bajo Pas donde, casi sin esperarlo porque salí "a ver qué pasaba", con la idea de recuperar sensaciones, acabé en lo más alto del podio de veteranos.
Uno es consciente del irremediable paso del tiempo cuando te toca empezar a "pegarte" con chavales que podrían ser tus hijos ⏳
Después de tantos años poniendo dorsales, poco o nada queda por demostrar. Soy alguien que lleva mucho tiempo en esto, que ha vivido de todo y que sigue encontrando razones, aunque sea debajo de las piedras, para colocarse en una línea de salida mientras ayuda a que otr@s también lo hagan.
Las piernas quizá también están mejor de lo que dice la cabeza, pero no siempre es fácil mantener el equilibrio entre las dos, teniendo que lidiar con muchos días en los que toca tirar más de constancia que de ganas. Como la vida misma. Por eso este resultado tiene un valor especial, un pequeño premio en mi "Camino de las 100" 👣
No es una demostración de que todavía pueda correr rápido. Es un reconocimiento a todo lo que hay detrás: al entrenamiento diario, a los días difíciles, a no dejarlo cuando las cosas no terminan de salir y a seguir haciendo esto después de tantos años. También una muestra de respeto y agradecimiento a quienes me tienden una mano.
El domingo tocó podio. El lunes volví a lo de siempre: unas JOMA 👟👟 y a seguir picando piedra. Sin más; sin necesidad de demostrar nada.
Es tiempo de recoger parte de lo sembrado durante este verano que el miércoles dejaremos atrás.
Seguir construyendo. Seguir disfrutando. Seguir aprendiendo. Y, sobre todo, seguir acercándome poco a poco a ese sueño que hace tiempo me marqué: llegar a las 100 maratones oficiales.
Todavía quedan unas cuantas piedras que picar. Y muchas historias que contar.
De la mano de quienes me quieren y aceptan como soy, vamos a por la segunda parte del año.
- Panes-Potes (27 septiembre)
- Maratón de Logroño (4 octubre)
- Media Maratón de Gijón (10 octubre)
- Maratón de Ciudad Real (18 octubre)
- Maratón de Oporto (8 noviembre)
- Maratón de Toledo (15 noviembre)
- Maratón de San Sebastián (22 noviembre)
Cuando no me pongo un dorsal, una de mis pasiones es ponerme detrás de un micrófono. Ser speaker, contar lo que sucede y, sobre todo, intentar transmitir al público una pequeña parte de lo que sentimos quienes estamos al otro lado de la línea de salida. Una afición que, con el tiempo, también se ha convertido en profesión.
El jueves pasado tuve el privilegio de ser el maestro de ceremonias en la inauguración del módulo de atletismo de Pola de Laviana, mi casa. Y, además, he podido compartir micrófono con una persona que para mí es un referente: Juan Carlos Higuero.
Primero por su trayectoria como atleta y después por su inimitable forma de comunicar. Un espejo en el que mirarme desde hace muchos años.
He cumplido un pequeño sueño: narrar la inauguración de un lugar tan especial para mí y hacerlo al lado de alguien a quien admiro profundamente.
Hay dorsales que se recuerdan. Y hay días que también.
Hoy día tengo un proyecto de vida que me llena muchísimo, como es 195metros.
Gracias a todas las personas que confiáis en él, en cualquiera de sus variantes.





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