Los recuerdos también dicen lo que somos, lo que alguna vez fuimos y todo lo que tuvimos que dejar atrás para crecer.
Hace trece años completaba dos maratones sobre una cinta de correr a favor del IUOPA y de la Asociación Asturiana contra la Fibrosis Quística. Y lo hice rodeado de amigos que me acompañaron durante las siete horas que estuve corriendo sin moverme del sitio en unas condiciones de calor y humedad que me fueron derritiendo al paso de los kilómetros. Amigos como Bruno Toledo que, trece años después, cariñosamente me siguen recordando que un 26 de enero de 2013 hicimos algo de lo que casi nadie se acuerda.
⌚ Como anécdota y para los que os gusten los datos, os dejo los que registró mi Suunto:
- Tiempo: 7:05:36
- Distancia: 84,800 km
- FC Media: 142 ppm
- FC Máxima: 179 ppm
- Ritmo Medio: 5:03/km
- Calorías: 6.795
A día de hoy, con toda la experiencia, los conocimientos y la forma física que he ido adquiriendo a través de los kilómetros recorridos en estos trece años que han pasado casi sin darnos cuenta, soy consciente de que volver a repetirlo en torno a las seis horas es posible. También de que, a día de hoy, ni me apetece intentarlo, ni tampoco lo necesito.
Siguiendo con la vista puesta en el pasado, hace tres años recorrimos el Valle del Nalón, desde Frieres hasta el puerto de Tarna, a favor del IUOPA (Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias).
Cuando en el presente poco tienes que ofrecer, los recuerdos sirven para mantener viva a la persona que soy y la que alguna vez fui.
La vida da muchas vueltas, pero quien de verdad te quiere, las da contigo.
Hace unos días despedíamos enero, un mes que se me ha puesto más cuesta arriba de lo que esperaba. Aún así, encima de unas JOMA he intentado mantener la constancia habitual, lidiando con mi cabeza que se resiste a entrar en el nuevo año con el pie derecho. También con mi isquiotibial izquierdo que, maltratado y roto en la inserción del mismo en el glúteo a causa de la rectificación en la pisada que me produce el juanete, curiosamente un día en el que rodaba tranquilo a ritmos muy lentos, me ha obligado a sumar un total de treinta sesiones en la elíptica, compartidas con únicamente 214 km de carrera. Toca seguir ajustando cosinas para que el motor, el chasis y la carrocería de este viejo tanque no se resientan 🔧

Dibujo de Valeriano Hevia
Todos sabemos que en la vida de un deportista las lesiones forman parte de este juego. Hasta la semana pasada, durante los últimos veinte años únicamente había visitado al fisio para descargar, por lo que puedo considerarme un afortunado. Toco madera para que en los próximos veinte no tenga que volver a escribir nada parecido a esto que hoy me toca compartir.
De momento, me caigo de la lista para la Maratón de Don Benito que se celebra este domingo y, para no hacerme ilusiones ni alimentar falsas esperanzas, también de la de Castellón (22 de febrero).
En una constante persecución de un futuro que va más rápido que yo, quiero pensar que en Badajoz (15 de marzo) pueda volver a estar en la salida para afrontar con garantías los 42km y 195metros.
Es difícil aceptar que no vas a competir cuando estás en el mejor estado de forma de tu vida. También -pienso- es bueno escribirlo para hacer ver la realidad que hay detrás de un mundo digital "de mentira" en el que la gente únicamente suele mostrar todo lo bueno que les pasa, lo guapos y altos que son. A mí, que soy feo y bajo, me parece éticamente correcto humanizar las cosas y mostrar el lado menos bonito de haber elegido vivir sobre una línea de exigencia constante. Una vida que es una apuesta continua a la "triple K": kilómetros, con kilómetros, con más kilómetros, que suelen ir dejando cadáveres de mí mismo por el camino 💀
Echando la vista atrás, más allá de trofeos y medallas que únicamente sirven para acumular polvo en alguna estantería que suele pasar desapercibida, mi mayor éxito en esto del deporte ha sido la continuidad y la constancia. Mi mayor logro es que después de varios años picando piedra sin descanso, siga haciendo todo lo que está de mi mano para tener la misma ilusión que cuando empecé a correr maratones, allá en el ya lejano 2009. Un camino que podría recordar como desandarlo sino fuese porque lo he ido borrando por si en algún momento me diera la tentación de hacerlo 👣
La experiencia es la madre de la ciencia.
Cada vez que hago una maratón aprendo algo nuevo. Es una enseñanza tan grande la que te da la distancia que cuando crees que lo sabes todo, te pega una hostia a mano abierta.
Yo he pagado el peaje de jugar a este juego del modo difícil, que es autoentrenándome. Soy entrenador y deportista (también mi propio nutricionista y psicólogo) en la misma persona y eso es muy difícil. Yo nunca recomendaría que la gente se autoentrenase porque para eso tienes que ser de una determinada manera; uno de mis objetivos y propósitos de actuar así es porque me ayuda a ser el mejor entrenador posible para quienes depositan su confianza en mí. Porque la única manera de aprender en este deporte es invertir en uno mismo, aunque el camino a veces sea lento y desagradable.
Cuando te pones en manos de un entrenador lo que estás haciendo es comprar tiempo y experiencia. Estás cogiendo atajos para no tener que recorrer un camino que otros ya hemos pateado con sus ventajas e inconvenientes.
Cuando la moda pesa muchísimo más que el proceso.
"Conmigo, no" ha sido la respuesta que he dado en alguna ocasión a algún deportista que se puso en contacto conmigo para preparar una maratón. "Conmigo, no" porque, a pesar de perder un posible cliente, mi forma de entender la distancia, mi forma de entender la vida, siempre pesa más que la parte económica. De la misma forma, baje del barco a algún entrenado que no estaba cumpliendo con los mínimos que, en mi opinión, se necesitan para situarse en una línea de salida con las máximas garantías de cruzar la meta.
Si un día quieres correr una maratón, pregúntate cuanto estás dispuesto a entrenar para sostener tu cuerpo corriendo sin romperte durante 42,195 km...
Hay personas que cruzan la meta de una maratón sin haber recorrido la historia completa. Levantan los brazos y se llevan una medalla que pesa menos que la verdad. Porque el maratón no es el arco de meta, es todo lo que pasó antes de llegar ahí.
No son los últimos 195metros los que te convierten en maratoniano, sino las horas de entrenamiento que nadie ve, las dudas del kilómetro 30, el respeto por una distancia que no se improvisa.
Al final, cada uno sabe cuanto corrió. Y esa conciencia, aunque no se suba a redes, siempre llega primero que la meta. El maratón no necesita testigos, solo honestidad.
🎧 En relación al tema,
pinchando en este enlace comparto un podcast de
Triatletas En Red con el que no puedo estar más de acuerdo.
Ni el hambre, ni el frío, ni el enemigo. Nada detiene el paso de un soldado viejo.
Toca seguir acumulando semanas de mucho silencio para construir un futuro que a día de hoy me cuesta ver con positividad.